Glorioso Tenis Argentino: cómo brillar con el 1% del presupuesto de las grandes potencias
Por Eddie Fiumara, Director Deportivo de la AAT.
La versión original fue publicada el 12 de marzo en el Newsletter del Tenis Argentino. Si querés recibirla en tu correo electrónico, hacé click en el enlace para suscribirte. Al 16 de marzo de 2026, Argentina tiene 8 Top 100 (sigue en el tercer escalón del podio de naciones) y sumó -en un solo fin de semana- títulos en todos los niveles del tenis masculino profesional: Guido Andreozzi se consagró campeón en dobles del Masters 1000 de Indian Wells; Mariano Navone, Marco Trungelliti y Genaro Olivieri ganaron los Challengers de Cap Cana, Kigali y Santiago, respectivamente); y Juan Estévez ganó el M15 La Plata.
A menudo, los que estamos inmersos en el día a día de la gestión deportiva nos acostumbramos a ver la bandera argentina flameando en los cuadros principales de los torneos más importantes del mundo. Lo naturalizamos tanto que, a veces, perdemos de vista la magnitud de lo que estamos logrando. Hoy quiero proponerles que hagamos una pausa para analizar el contexto real en el que nos movemos. Lo que el tenis argentino consigue hoy es, sencillamente, un modelo de estudio de eficiencia para el resto del mundo.
Si miramos hacia atrás, los últimos años nos presentaron el escenario más complejo de nuestra historia reciente. La pandemia global no fue sólo un paréntesis. Implicó el cierre de fronteras, dificultades extremas en las conexiones aéreas y un freno casi total a la competencia internacional. Tuvimos que enfrentar problemas logísticos insólitos para algo tan básico como el ingreso de pelotas y materiales deportivos. A esto debemos sumarle los desafíos estructurales crónicos de nuestra economía: la dificultad para obtener divisas, un tipo de cambio desfavorable y una ubicación geográfica que nos mantiene a miles de kilómetros de los principales polos de torneos en el mundo. Debemos recordar que más del 70% de los certámenes internacionales se desarrollan en Europa y los Estados Unidos, y que un porcentaje similar aplica para el tipo de superficie de juego: las canchas rápidas.
Y allí radica otra de las dificultades históricas, dado que nuestros clubes cuentan con una infraestructura limitada de canchas rápidas y una escasez de estadios indoor. La propia geografía del país presenta desafíos. Vivimos en una nación extensa con pocas zonas densamente pobladas y climas tan diversos que van desde la humedad extrema hasta la altura y temperaturas agobiantes. Sin embargo, el tenis argentino ha demostrado ser un ejemplo de resiliencia inquebrantable ante estas particularidades.
Para entender dónde estamos parados hoy, es vital recordar de dónde venimos. Retrocedamos unas tres décadas en el tiempo. En 1997, nuestro tenis vivió un punto crítico: Argentina mostraba un solo jugador en el Top 100 masculino (Hernán Gumy) y cerraba el año sin ningún título ATP (algo que sólo ocurrió en tres temporadas: 1984 y 2015, además de la 2020 marcada por el Covid). Fue el preludio al surgimiento de “La Legión”, esa generación dorada liderada por Gastón Gaudio, Guillermo Coria y David Nalbandian, entre otros, que nos llevó a tener 14 jugadores en la élite en 2007, apenas 10 años después de aquella temporada crítica. A partir de allí, escribimos páginas gloriosas: con el histórico Roland Garros 2004 todavía caliente (Gaudio campeón y tres semifinalistas albicelestes), llegó el hito de Juan Martín del Potro venciendo a Roger Federer para ganar el US Open 2009, la conquista de nuestra primera Copa Davis en 2016 y un total de 70 títulos ATP (de los 239 que acumula el tenis argentino) hasta nuestros días.
En los dos primeros meses de 2026, los nuestros cosecharon dos títulos del circuito mayor (Francisco Cerúndolo en Buenos Aires y Tomás Etcheverry en Rio), tres del ATP Challenger Tour (Camilo Ugo Carabelli en Rosario; y Guido Justo y Facundo Díaz Acosta en Tigre), y marzo comenzó con 9 jugadores en el Top 100 del ranking ATP, cifra que nos consolidó en el podio mundial de países con mayor representación, ubicándonos sólo detrás de Estados Unidos (16) y Francia (13). Es decir que, en este rubro, superamos a potencias como Italia (7), España (5) y Australia (5).
Los mencionados Cerúndolo y Etcheverry, y Sebastián Báez (con 7 títulos ATP, es el más ganador del continente entre los jugadores vigentes) lideran este grupo, seguidos de cerca por Ugo Carabelli, Juan Manuel Cerúndolo, Thiago Tirante, Mariano Navone y Francisco Comesaña. El reciente ingreso de Román Burruchaga —el argentino N° 72 en la historia en alcanzar este nivel— confirma la vitalidad de nuestra cantera. Pero el dato que más nos entusiasma es que el promedio de edad de nuestros Top 100 no llega a los 25 años, mientras que la madurez del circuito general suele situarse entre los 27 y 28 años. Si alguien alguna vez se atrevió a decir que “el tenis argentino está muerto”, los números actuales demuestran exactamente lo contrario (les recomiendo este posteo que realizamos días atrás en las redes sociales de la AAT).
Entre las damas, el panorama era en 1997 bastante más parecido al de la actualidad (hablando estrictamente de ranking), con 2 jugadores entre las 100 primeras y 5 entre las 200. Si bien hoy tenemos 1 y 3, respectivamente, en 2024 llegamos a sumar 3 jugadoras en el Top 100 (por primera vez en 18 años), y 5 Top 200 (no sucedía desde hacía 15 años). Dato: de las cinco mejores tenistas albicelestes del momento (Solana Sierra, Lourdes Carlé, Julia Riera, Jazmín Ortenzi y Luisina Giovannini), sólo Carlé supera los 25 años. Y por si el futuro no fuera lo suficientemente prometedor, Argentina cuenta en la actualidad con 4 juniors entre las mejores 60 mejores jugadoras del ranking juvenil ITF: Luna Cinalli, Sol Larraya Guidi, Sofía Meabe y Candela Vázquez.
¿Pero cómo logramos estos resultados en un país con crisis recurrentes? Aquí surge el punto más impactante del análisis: la eficiencia presupuestaria. Mientras federaciones como Francia, Australia, Reino Unido, Estados Unidos e Italia manejan presupuestos que oscilan entre los 200 y los 400 millones de dólares anuales, la AAT cuenta con 3 millones de dólares por temporada. A pesar de esta brecha abismal, logramos una producción de jugadores de elite y de competencias comparable a las potencias mundiales.
Un análisis basado en la metodología “Análisis de Fronteras” —que ajusta el éxito deportivo por presupuesto, población y PBI per cápita— ubica a Argentina en el primer lugar del ranking mundial de eficiencia. En términos claros: ningún país en el mundo produce tantos jugadores Top 100 con tan pocos recursos. Esto no es producto del azar; es el resultado de una estructura sólida construida sobre varios pilares fundamentales.
Primero, contamos con profesores y entrenadores altamente capacitados. Es un orgullo ver que en la mayoría de los equipos de grandes jugadores internacionales siempre hay un argentino aportando su conocimiento. Nuestro Departamento de Capacitación ha recibido la distinción “Gold” de la ITF, el máximo reconocimiento a la excelencia formativa.
Otro pilar determinante radica en las familias de nuestros jóvenes. Las de origen, con padres comprometidos que acompañan el esfuerzo de sus hijos; y esos territorios que se convierten en el segundo hogar de cada chico y cada chica que sueña con triunfar en el tenis: los clubes sociales, allí donde anidan y se desarrollan los grandes sueños.
En tercer lugar, hoy existe una política deportiva clara y coherente. La estrategia de la AAT el último lustro se basó en fortalecer la competencia interna. El objetivo es que nuestros tenistas puedan jugar cerca de sus casas, a bajo costo, asistidos por sus propios equipos de trabajo y acompañados de sus familias. En 2026, volveremos a marcar un récord histórico con 8 fechas del ATP Challenger Tour en el país, de las cuales 6 son organizadas directamente por la AAT. Ya en 2025 Argentina se había posicionado en el Top 5 mundial de países con más torneos de este nivel, por debajo de Estados Unidos, Italia, España y Portugal, y por delante de potencias como Alemania, Australia y Gran Bretaña.
En cuanto a tenis femenino, si desde 2025 existen dos WTA por primera vez en la historia (Buenos Aires y Tucumán) es por la creciente cantidad de torneos en el escalón inferior, el ITF Womens World Tennis Tour, que en 2024 alcanzó su pico máximo con 14 competencia a lo largo de la temporada, marca récord en la historia de nuestro país. Estos hitos permiten que, a marzo de 2026, 50 jugadoras argentinas cuenten con puntos WTA, un 56% más de las que había diez años atrás.
El otorgamiento de casi 400 Wild Cards (invitaciones) por año a tenistas de nuestro país en etapa de inserción, en los más de 30 torneos internacionales que se desarrollan sobre suelo argentino, potencian este modelo de desarrollo, dado que facilitan el difícil salto del mundo junior al profesionalismo. En efecto, todos los jugadores argentinos que hoy se encuentran en la elite del tenis mundial se han apalancado en este tipo de competencias.
Y más: la buena sinergia con las federaciones de todo el país y con los organismos internacionales -ITF, COSAT, ATP, WTA- permitió no sólo ofrecer cada vez más torneos en casa, sino también diagramar calendarios con países vecinos para fomentar las giras continentales. En la actualidad, un jugador argentino puede llegar a un Grand Slam (tomando como punto de referencia el Top 250 de la clasificación mundial, que permite la entrada a las qualy de los cuatro Majors) cosechando puntos sin salir de Sudamérica a lo largo de todo el año.
En el plano inmediatamente inferior, el de los juveniles, en las últimas temporadas Argentina pasó de tener 5 a 8 torneos COSAT e ITF, elevando paulatinamente su grado de importancia.
Cuando me preguntan dónde radica el éxito del tenis argentino, lo primero que digo es que no me gusta hablar de milagros. Tampoco de casualidades. Es cultura. Es estructura formativa. Es competencia interna. Es gestión. Por todo eso, el tenis argentino no sólo está vivo. Está más fuerte y más eficiente que nunca.
